Disociación y trauma: cuando desconectarse fue la única forma de seguir

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A veces no es que “no sientas nada”.
A veces es que tu sistema nervioso aprendió a desconectarse para poder seguir adelante.
La disociación es una respuesta automática del cerebro ante experiencias que han sido demasiado intensas, dolorosas o abrumadoras. No es algo que la persona elija conscientemente. Es una forma de protección.

¿Qué es exactamente la disociación?

Desde una perspectiva clínica, la disociación implica una desconexión parcial o
total de:

  • Las emociones
  • Las sensaciones corporales
  • Los recuerdos
  • O incluso del entorno


Es como si el sistema “bajara el volumen” de la experiencia para hacerla más
tolerable.

¿Qué ocurre en el cerebro?

Las investigaciones en trauma muestran que, cuando el sistema nervioso se ve
sobrecargado, el cerebro cambia la forma en la que procesa la experiencia:

  • Disminuye la actividad en el sistema límbico, especialmente en la
    amígdala, implicada en la respuesta emocional, y en el hipocampo,
    relacionado con la memoria y la integración de lo vivido.
  • También puede reducirse la activación en la ínsula, una región clave para la
    conciencia corporal y emocional.
  • Aumenta la activación de áreas prefrontales, especialmente la corteza
    prefrontal medial, asociada a la inhibición y al control emocional, lo que
    contribuye a “desconectar” la experiencia.
  • Se altera la comunicación entre:
    → el cerebro emocional (amígdala, sistema límbico)
    → y el cerebro racional (corteza prefrontal)
  • También puede verse afectada la conexión con redes implicadas en la
    integración de la experiencia, como la red por defecto (default mode network), lo que dificulta sentir continuidad entre lo que se vive, se recuerda y se siente.

Esto explica por qué una persona puede saber lo que le ocurrió, pero no sentirlo, o
al contrario, sentir sin poder entender por qué y/o que no recuerde episodios
temporales de su historia de vida.

¿Cómo se manifiesta?

La disociación puede aparecer de formas muy diferentes:
A nivel emocional

  • Dificultad para identificar lo que se siente.
  • Sensación de vacío o desconexión.
  • Emociones “apagadas” o bloqueadas.

A nivel físico

  • Sensación de irrealidad o “estar en una nube”.
  • Desconexión del cuerpo.
  • Falta de registro de sensaciones internas.


A nivel cognitivo

  • Lagunas de memoria.
  • Sensación de ir en “piloto automático”
  • Dificultad para concentrarse.


¿Por qué aparece?

La disociación suele estar relacionada con experiencias en las que el sistema
nervioso no pudo procesar lo ocurrido en su momento:

  • Situaciones de trauma.
  • Estrés prolongado.
  • Experiencias emocionales intensas sin apoyo suficiente.

 

En ese contexto, desconectarse fue una solución.
Fue la forma en la que el sistema nervioso pudo seguir funcionando.


¿Qué función tiene?

Aunque hoy pueda generar malestar, la disociación tiene una función muy clara:
proteger a la persona de una experiencia que en su momento era demasiado difícil
de sostener. Es una estrategia de supervivencia.

¿Cómo afecta en el día a día?

Cuando esta respuesta se mantiene en el tiempo, puede impactar en:

  • Dificultad para conectar con uno mismo.
  • Problemas en las relaciones.
  • Sensación de vacío o desconexión.
  • Ansiedad sin causa clara.
  • Cansancio emocional

 

La persona puede sentir que “está”, pero no del todo.


En algunos casos, este malestar también puede expresarse a través del cuerpo.
Las manifestaciones psicosomáticas —como dolores sin causa médica clara,
problemas digestivos, tensión muscular o fatiga persistente— pueden estar
relacionadas con esta dificultad para procesar y sentir determinadas experiencias.
Cuando el sistema nervioso no puede integrar lo vivido a nivel emocional, el
cuerpo puede convertirse en la vía a través de la cual ese malestar se expresa.


¿Cómo ayuda la terapia EMDR en la disociación?

La terapia EMDR permite trabajar las experiencias que quedaron sin procesar y
que siguen activando esta desconexión.
A través de un proceso estructurado y respetuoso con el ritmo de cada persona, se
facilita que el sistema nervioso:

  • Procese las experiencias pasadas.
  • Integre lo vivido.
  • Reduzca la necesidad de desconectarse

No se trata de forzar. Se trata de que el sistema pueda sentirse lo suficientemente seguro como para no necesitar desconectarse.


Si te identificas con esto, es importante saber algo: La desconexión no aparece porque sí y tiene sentido dentro de tu historia.


Y cuando se trabaja desde un enfoque adecuado, el sistema puede dejar de necesitar esa protección y empezar a recuperar la conexión con uno mismo y con el presente.