El duelo: cuando la vida cambia y tienes que aprender a habitarla de nuevo

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En resumen: perder algo importante no es solo dejar de tenerlo: a veces cambia la imagen que tenemos de nosotros mismos y del mundo. El duelo no tiene plazos ni fases obligatorias. La terapia ofrece un espacio para comprender lo que te pasa, convivir con las emociones difíciles y recuperar, poco a poco, una relación con el presente y con el futuro.

Hay pérdidas que cambian nuestra vida de una manera evidente. Alguien querido muere, una relación termina, recibimos un diagnóstico, descubrimos que ya no podemos hacer las cosas que antes formaban parte de nuestra rutina o quizá nunca formaremos la familia que proyectamos.

La vida continúa, aparentemente todo sigue en su sitio, pero ya no te reconoces del todo. Te cuesta imaginar el futuro como lo imaginabas antes. O te descubres preguntándote, en algún momento del día, cómo has llegado hasta aquí.

Porque perder algo importante no significa únicamente dejar de tenerlo. A veces significa perder también una parte de la vida que habíamos construido alrededor de ello.

No solo perdemos personas. También perdemos versiones de nosotros mismos

Cuando muere alguien a quien queremos, no perdemos solamente su presencia. Perdemos las conversaciones que ya no podremos tener, los momentos que imaginábamos compartir y la posibilidad de seguir construyendo una historia juntos.

Cuando termina una relación, no siempre echamos de menos únicamente a la persona. También podemos echar de menos quiénes éramos a su lado, los planes que habíamos hecho y la vida que creíamos que íbamos a tener.

Y cuando enfermamos o nuestra salud cambia, puede que lo más difícil no sea solo el dolor, las limitaciones o la incertidumbre. Puede que también tengamos que despedirnos de una manera de vivir, de nuestra autonomía, de determinadas actividades o de la imagen que teníamos de nosotros mismos.

A veces seguimos siendo la misma persona, pero ya no podemos vivir de la misma manera. Y eso requiere un proceso de adaptación que no siempre sabemos cómo afrontar.

Quizá te sorprendas pensando: «Antes podía con todo», «Nunca imaginé que mi vida sería así» o «No sé muy bien quién soy ahora».

No son preguntas pequeñas. Hablan de algo más profundo que la ausencia de aquello que has perdido. Hablan de cómo esa pérdida afecta a la manera en que te entiendes a ti mismo.

Cuando una pérdida cambia la forma en que te ves

Nuestra identidad se construye, en parte, a través de nuestras experiencias, nuestras relaciones, nuestro cuerpo, nuestros proyectos y el lugar que ocupamos en el mundo. Por eso, cuando algo importante desaparece o cambia de manera irreversible, puede tambalearse también la imagen que teníamos de nosotros mismos.

Una persona que pierde a su pareja puede preguntarse si volverá a ser capaz de sentirse querida o de confiar en alguien. Quien recibe un diagnóstico puede empezar a verse a través de su enfermedad y dejar de reconocerse en otras facetas de su vida.

También puede cambiar la forma en que vemos el mundo

Hay pérdidas que no solo modifican nuestra vida cotidiana. Cambian nuestras expectativas sobre lo que podemos esperar de la vida, de los demás y de nosotros mismos.

Después de una muerte inesperada, quizá el mundo parezca menos seguro. Tras una ruptura dolorosa, puede resultar difícil volver a confiar. Cuando aparece una enfermedad, puede que el futuro deje de sentirse tan previsible como antes.

A veces comenzamos a anticipar que algo malo volverá a suceder. Nos cuesta hacer planes, disfrutar de lo que tenemos o sentirnos tranquilos, como si bajar la guardia nos hiciera más vulnerables.

Otras veces ocurre lo contrario: intentamos continuar como si nada hubiera cambiado. Nos mantenemos ocupados, evitamos hablar de lo ocurrido o nos exigimos recuperar cuanto antes nuestra vida anterior.

Cada persona intenta afrontar el dolor con los recursos que tiene disponibles. Algunas necesitan hablar; otras necesitan tiempo y silencio. Algunas buscan explicaciones, mientras que otras prefieren no pensar demasiado en lo sucedido.

Ninguna reacción, por sí sola, define cómo debería vivirse un duelo. Sin embargo, cuando el esfuerzo por evitar el dolor empieza a limitar nuestra vida, o cuando sentimos que seguimos atrapados en lo ocurrido, puede ser importante detenernos y comprender qué nos está pasando.

El duelo no consiste en cumplir unos plazos ni en alcanzar un punto en el que ya nada nos afecte. Tampoco significa que tengamos que olvidar, encontrar un lado positivo a lo ocurrido o convertir la pérdida en una oportunidad de crecimiento.

A veces, seguir adelante empieza por dejar de luchar contra el hecho de que algo nos duele. Por reconocer que nuestra vida ha cambiado, que quizá no elegimos ese cambio y que necesitamos tiempo y ayuda para comprender cómo queremos vivir a partir de ahora.

¿Cómo puede ayudarte la terapia a atravesar una pérdida?

En terapia no podemos deshacer lo que ha ocurrido. Tampoco necesitamos convencerte de que lo aceptes antes de que estés preparado.

El trabajo comienza, muchas veces, por ofrecerte un espacio en el que puedas hablar de lo que has perdido y de cómo te está afectando, sin tener que proteger a nadie, justificar tus emociones ni fingir que estás mejor de lo que estás. A partir de ahí, podemos ir explorando diferentes aspectos del duelo.

Comprender lo que te está pasando

Poner palabras a la tristeza, la rabia, la culpa, el miedo o la sensación de vacío puede ayudarte a entender tus reacciones y a dejar de interpretarlas como una señal de que estás fallando.

Reconocer cómo ha cambiado la imagen que tienes de ti

Podemos explorar si la pérdida ha afectado a tu autoestima, a tu sensación de seguridad, a tu identidad o a la confianza en tu capacidad para afrontar la vida. No se trata de negar lo que ha cambiado, sino de evitar que una experiencia dolorosa termine definiendo todo lo que eres.

Explorar las creencias que han aparecido después de la pérdida

Quizá ahora te cueste confiar, sientas que no puedes afrontar la incertidumbre o hayas dejado de imaginar un futuro que merezca la pena. En terapia podemos comprender cómo se han formado esas ideas y trabajar para que puedas relacionarte con ellas de una manera menos limitante.

Aprender a convivir con emociones difíciles

No siempre necesitamos eliminar una emoción para poder continuar con nuestra vida. Podemos aprender a reconocerla, regular su intensidad y encontrar formas de cuidarnos cuando aparece, sin tener que evitar constantemente todo aquello que nos recuerda lo ocurrido.

Recuperar una relación con el presente y con el futuro

Poco a poco, podemos explorar qué sigue teniendo valor para ti, qué necesitas ahora y qué pasos son posibles en tus circunstancias actuales. No para sustituir lo perdido ni para apresurarte a pasar página, sino para que tu vida pueda volver a tener espacio para otras experiencias.

En función de tu historia y de tus necesidades, el trabajo puede incluir diferentes herramientas terapéuticas. En algunos casos, cuando hay recuerdos especialmente perturbadores o experiencias traumáticas asociadas a la pérdida, puede estar indicado trabajar con EMDR. Siempre valorando previamente tu situación, tus recursos y el momento del proceso en el que te encuentras.

No todos los duelos necesitan el mismo abordaje. A veces necesitamos elaborar la ausencia; otras, trabajar la culpa, el miedo o los recuerdos difíciles; y en ocasiones, aprender a vivir con una realidad que no podemos cambiar.

Si estás atravesando una pérdida y sientes que necesitas ayuda para comprender cómo te está afectando, podemos trabajar juntos para que encuentres recursos, recuperes confianza en ti e ir encontrando una manera diferente de relacionarte con tu historia, contigo mismo y con aquello que todavía forma parte de tu vida.

Preguntas frecuentes sobre el duelo

¿Cuánto dura el duelo?

No hay un plazo. El duelo no consiste en cumplir unos tiempos ni en llegar a un punto en el que ya nada afecte. Cada persona lo atraviesa con los recursos que tiene y a su ritmo. Lo importante no es cuánto tarda, sino si el dolor te permite seguir viviendo o te está limitando.

¿Hay que pasar por unas fases del duelo?

Se habla mucho de fases (negación, ira, negociación, tristeza, aceptación), pero no son una escalera que haya que subir en orden. Son reacciones que pueden aparecer, mezclarse o no aparecer. No pasar por una de ellas no significa que estés haciendo el duelo mal.

¿Es normal no reconocerme después de una pérdida?

Sí. Nuestra identidad se construye con nuestras relaciones, nuestro cuerpo, nuestros proyectos y el lugar que ocupamos. Cuando algo importante desaparece, también puede tambalearse la imagen que teníamos de nosotros mismos. Es una parte del proceso que se puede trabajar en terapia.

¿Cuándo conviene pedir ayuda por un duelo?

Cuando el esfuerzo por evitar el dolor empieza a limitar tu vida, cuando sientes que sigues atrapado en lo ocurrido o cuando te cuesta imaginar un futuro. No hace falta que el duelo sea «complicado» para pedir un espacio en el que hablar de lo que has perdido.

¿Se usa la terapia EMDR en el duelo?

En algunos casos sí, cuando hay recuerdos especialmente perturbadores o experiencias traumáticas asociadas a la pérdida (una muerte inesperada, un diagnóstico, un accidente). Siempre después de valorar tu situación, tus recursos y el momento del proceso en el que estás.

Si en algún momento sientes que no puedes más o tienes pensamientos de hacerte daño, llama al 024 (línea de atención a la conducta suicida, gratuita y 24 horas) o acude a urgencias.


Sonia López Cano, psicóloga sanitaria colegiada M-25306 en el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid y terapeuta EMDR. Atiendo terapia online por videollamada, en español e inglés.